REFLEXIONES | ¿Qué implica la frase “El que calla otorga”?


La frase  “El que calla, otorga” puede ser analizada desde distintas perspectivas: lógica, social y legal. Un enfoque equilibrado y razonable permite abordarla sin caer en extremos ni simplificaciones.

1. ¿Aplica a cualquier situación?

No, no aplica universalmente.
La máxima “El que calla, otorga” es una regla empírica o proverbial, no una ley lógica o universal. Su validez depende del contexto:
  • En conversaciones informales: A veces, el silencio puede interpretarse como asentimiento, especialmente si se espera una respuesta clara y no se da ninguna. Por ejemplo, si alguien te dice: “¿Estás de acuerdo en que hagamos esto mañana?” y tú permaneces en silencio, la otra persona podría asumir que sí.
  • En contextos de poder desigual: En relaciones jerárquicas (jefe-empleado, adulto-niño, etc.), el silencio puede no significar acuerdo, sino miedo, confusión, resignación o falta de seguridad. En estos casos, atribuirle significado afirmativo al silencio sería una mala interpretación.
  • En contextos culturales: En algunas culturas, el silencio es una forma de respeto o reflexión, no de consentimiento. En la cultura venezolana, por ejemplo, el silencio a veces se usa como estrategia de evasión o prudencia, no como aprobación.
Conclusión lógica: El silencio no equivale automáticamente a consentimiento. Requiere un contexto comunicativo claro, expectativas compartidas y la posibilidad real de responder.

2. ¿Es legalmente vinculante?

Generalmente, no.
En la mayoría de los sistemas jurídicos modernos —incluyendo el venezolano—, el consentimiento debe ser manifiesto, ya sea de forma expresa (verbal o escrita) o tácita (por actos inequívocos). Pero el simple silencio no constituye consentimiento tácito, salvo en excepciones muy específicas.

Ejemplos legales:

  • Derecho civil venezolano (Código Civil): El consentimiento para celebrar un contrato debe ser libre y manifiesto. El silencio, por sí solo, no crea obligaciones (Artículo 1133 y siguientes del Código Civil).
  • Derecho procesal: En un juicio, el acusado tiene derecho a guardar silencio (derecho al non self-incrimination), y ese silencio no puede interpretarse como admisión de culpabilidad.
  • Excepción posible: En ciertos contratos de adhesión o relaciones comerciales continuadas, si una parte propone un cambio y la otra, sabiendo del cambio, continúa actuando como si lo aceptara (por ejemplo, sigue usando un servicio tras una modificación de términos), podría interpretarse como consentimiento tácito, pero no por el silencio en sí, sino por conductas posteriores coherentes con la aceptación.
Conclusión legal: No, “el que calla, otorga” no es una regla legalmente vinculante. El derecho exige claridad en el consentimiento para proteger la autonomía de las personas.

3. ¿Callarse no es socialmente válido?

Sí lo es, y a menudo es necesario.
El silencio tiene múltiples funciones sociales válidas e incluso saludables:
  • Reflexión: Tomarse tiempo para pensar antes de responder.
  • Evitar conflictos innecesarios: No todo requiere una réplica inmediata.
  • Autocuidado emocional: En discusiones tóxicas, el silencio puede ser una estrategia de protección.
  • Respeto: A veces, callar es reconocer que no se tiene la verdad absoluta o que no es el momento adecuado.
El problema surge cuando se presiona a alguien a hablar o cuando se interpreta maliciosamente el silencio como sumisión o acuerdo, lo cual puede ser una forma de manipulación social.
En sociedades democráticas y saludables, el derecho a callar es tan válido como el derecho a hablar.

Conclusión general:

  • “El que calla, otorga” es una simplificación útil en contextos muy específicos, pero no es universal ni objetivamente verdadera.
  • Legalmente, el silencio no equivale a consentimiento, salvo en circunstancias excepcionales y bien delimitadas.
  • Socialmente, callar es legítimo, humano y a menudo sabio.
Evitar el conflicto basado en terquedad o ideologías rígidas implica reconocer la complejidad del lenguaje, el silencio y el contexto. Esta frase, usada con ligereza, puede generar malentendidos; usada con prudencia, puede servir como advertencia sobre la importancia de comunicarse claramente.

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