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Mi postura ante los sucesos actuales en Venezuela


Yo, Carlos Gonzalez, reconozco que he cometido el error de no fijar mi posición con respecto a los sucesos actuales del país, lo que puede hacer pensar a quienes me conocen que apoyo alguna de las corrientes políticas en conflicto. Yo soy Testigo de Jehová y la siguiente es mi postura:

Jesús dijo con respecto a los cristianos verdaderos: “Ellos no son parte del mundo, así como yo no soy parte del mundo.” (JUAN 17:16.)

Una razón por la que no soy parte del mundo es mi estrecha relación con Jehová. El apóstol Juan escribió: “Sabemos que nosotros nos originamos de Dios, pero el mundo entero yace en el poder del inicuo” (1 Juan 5:19). Es evidente que las  guerras, la delincuencia, la crueldad, la opresión, la falta de honradez (corrupción) y la inmoralidad que tanto proliferan hoy son prueba de la influencia de Satanás, no de la de Dios (Juan 12:31; 2 Corintios 4:4; Efesios 6:12). Cuando alguien se hace testigo de Jehová, no practica ni aprueba tales maldades, y eso hace que no sea parte del mundo (Romanos 12:2; 13:12-14; 1 Corintios 6:9-11; 1 Juan 3:10-12).
Juan señaló que los cristianos, a diferencia del mundo, “nos originamos de Dios”. Todo el que se dedica a Jehová le pertenece a él. De modo que no dedicamos nuestra vida a ninguna causa política. Aunque respetamos los emblemas nacionales, no los adoramos ni con hechos ni con nuestra actitud. Nosotros respetamos el derecho que los demás tienen de hacer lo que quieran al respecto, pero nosotros adoramos únicamente al Creador (Mateo 4:10; Revelación 19:10). Este es otro factor que nos separa del mundo.
Los testigos de Jehová NO PERTENECEMOS ni siquiera a los llamados NINÍ, es decir, nuestra neutralidad es porque apoyamos a otro gobierno superior y más útil: el Reino de Dios.
Jesús predicó durante todo su ministerio las buenas nuevas del Reino de Dios del cual él va a ser Rey (o Presidente), y afirmó que sus seguidores las proclamarían hasta el mismo fin del sistema de cosas (Mateo 4:23; 24:14).
Ya está cerca el día en que dicho Reino celestial será el único gobierno que rija a la humanidad (Daniel 2:44). Muy pronto, hasta los dirigentes políticos (ya sean del gobierno o la oposición) se verán obligados a reconocer su autoridad (Salmo 2:6-12).
Teniendo presentes todos estos factores, los verdaderos cristianos somos súbditos del Reino de Dios y obedecemos el consejo de Jesús de ‘seguir buscando primero el reino y la justicia de Dios’ (Mateo 6:33). Eso no significa que traicionemos al país en que residimos, sino que nos hallamos separados del mundo en sentido espiritual. Tal como sucedió en el siglo primero, nuestra labor principal en la actualidad es “da[r] testimonio cabal respecto al reino de Dios” (Hechos 28:23). Ningún gobierno humano tiene derecho a impedir que llevemos a cabo esta comisión divina.
En conformidad con el hecho de que pertenecemos a Jehová y somos tanto discípulos de Jesús como súbditos del Reino de Dios, los testigos de Jehová nos hemos mantenido neutrales en los conflictos internacionales de los siglos XX y XXI. No hemos tomado partido ni hemos empuñado arma alguna contra nadie ni hecho propaganda a favor de ninguna causa seglar. En una notable demostración de fe ante una situación abrumadora, nos hemos regido por los mismos principios que expusimos a las autoridades de la Alemania nazi en 1934: “No estamos interesados en los asuntos políticos, sino completamente dedicados al Reino de Dios bajo Cristo, su Rey. No le haremos daño a nadie. Nos gustaría mucho poder vivir en paz y hacer el bien a todos los hombres según se presente la oportunidad”.
Los cristianos mantenemos una postura neutral en lo que toca a las cuestiones políticas de las naciones del mundo. No tomamos partido a favor ni en contra de ningún grupo nacional, racial, social o económico (Hechos 10:34, 35). Más bien, “obramos lo que es bueno para con todos” (Gálatas 6:10). Dada la neutralidad de los testigos de Jehová, nadie puede en justicia rechazar nuestro mensaje alegando que favorecemos al bando contrario en alguna contienda de índole racial, nacional o tribal.
Por consiguiente, no olvido la privilegiada relación que me une a Jehová Dios. Agradezco siempre la bendición de ser discípulo de Cristo y súbdito del Reino. Amo de todo corazón a mis hermanos en la fe y me deleito en todo momento en el amor cristiano que ellos me muestran. Pero por encima de todo, sigo la exhortación del salmista: “Espera en Jehová; sé animoso, y sea fuerte tu corazón. Sí, espera en Jehová” (Salmo 27:14; Isaías 54:17). De esta forma, al igual que un sinnúmero de cristianos que me han precedido, me mantengo firme con mi infalible esperanza: soy un cristiano fiel y neutral, no soy parte del mundo.

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