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De la inquisición a la tolerancia intolerante

A ver cómo me sale este ensayo.
Cada vez es más notorio la tendencia, idea, filosofía o cómo quiera que se llame, de que todo debe tolerarse; apartando por supuesto cosas como el asesinato, la pedofilia, la borrachera, fumar, drogarse y un etcétera de conductas que son claramente rechazadas y no creo que exista quien pueda defenderlas.
Me refiero más bien al hecho de que conductas o situaciones que anteriormente causaban mucho lío, hoy en día se defienden luego de largas luchas; luchas que mejoraron las condiciones de vida de personas de razas que históricamente fueron despreciadas, religiones que eran satanizadas y claro está la defensa de la mujer con los mismos derechos de los hombres.
Y ha pasado mucho tiempo desde que la gente se rebeló en contra de la inquisición y otras formas de opresión; es que, ¿en qué cabeza cabía que un grupo de poder tratara bajo cualquier excusa imponer su autoridad de manera que se denigrara la condición humana? Por ejemplo, la gente comenzó a entender que si alguien decía y demostraba un hecho científico contrario a la creencia popular, eso no era motivo de condena a muerte o castigo severo y humillación... ¡Qué bien! Se entendió que se podía ser tolerable, con la exigencia lógica de que cada afirmación debía ser demostrada para no dejar lugar a dudas.
Y la balanza de lo razonable fue cada vez más acercándose al equilibrio, pero....
A “grandes pensadores” (y digo grandes pensadores porque lo que pensaron ha tenido gran influencia en el tema de la tolerancia), se les ocurrió que la balanza no debía equilibrarse, más bien comenzaron a echar más carga a la balanza para inclinarla en un sentido contrario, con temor morbozo de tal forma que se hizo urgente asegurarse de que la balanza siguiera en esa tendencia.
De modo que nos conseguimos con la idea de que si alguien opina distinto sobre un tema controversial, es posible que se le acuse de inquisidor... de intolerable; Es decir, hay que tolerar todo pero no se puede aceptar opinar distinto.
¿Quieren un ejemplo? La homosexualidad.
Yo no tengo nada en contra de alguien que sea homosexual, quiero decir que no tengo problemas en tratarlos, puedo conversar, trabajar y hasta compartir una comida con un homosexual y no me la pasaré pensando en su tendencia sexual; puede ser inteligente, puede que sea flojo o laborioso, como cualquier persona tiene las mismas actitudes y aptitudes... como persona lo respeto. Pero con respecto a su conducta sexual tengo derecho a no aceptarla; es decir, para mi los hombres son hombres que le atraen las mujeres y las mujeres son mujeres que le atraen los hombres; y aunque hay quienes defienden la homosexualidad lanzando argumentos científicos: “es genético”, o religiosos: “Dios es amor y mandó a amarnos los unos a los otros”, o sociales: “debemos garantizar la libertad individual de cada ciudadano del país”; muy bien, pero tengo el derecho a no estar de acuerdo con su conducta sexual y eso no me hace una persona intolerante, ya que por ser homosexuales no por ello los trataré mal, ni los despreciaré, ni les quitaré la palabra, tampoco los despediré del trabajo por su tendencia sexual, no pasaré al otro lado de la calle para no cruzármelos en el camino, no les voy a dejar de hablar, tampoco toleraré la violencia o discriminación hacia ellos.

Intolerancia de Alberto Montt (visto en Dosis Diarias)

Hay quien dirá: “Esa forma de pensar es el principio de la intolerancia, del fanatismo dogmático, es la raíz del odio y la violencia”.
Lo ilustraré así: no estoy de acuerdo que el tono negro CMYK sea así, me gusta más el tono negro RGB. ¿Acaso por afirmar eso me convierto en enemigo del sistema de colores CMYK? ¿Soy un peligro para la industria gráfica que depende de ese tono para desarrollar su trabajo y creatividad? ¡Qué clase de intolerante soy, por Dios!


Lo mismo pasa con muchos otros temas, donde la defensa de los derechos de las personas rayan en lo absurdo; de modo que vemos personas acusando a otras y llevándolos ante la ley por asuntos supuestamente discriminatorios; sociedades condenando y persiguiendo el uso de algunas vestimentas que pertenecen a algunas creencias religiosas; jueces juzgando a padres que proporcionan ciertas disciplinas a sus hijos por alguna mala conducta ya que las nuevas filosofías de la educación y la crianza (aunque no ha sido probada su efectividad) no aceptan esas manera de disciplinar; de manera que los que quieren la tolerancia no toleran a quienes pensamos distinto y queremos ser más equilibrados. ¡Qué hipocrecía andar difundiendo eso de que todos tenemos derecho a pensar lo que queramos y al mismo tiempo inculcar el temor a hacerlo!
Así que lo apropiado sería entender el punto de vista de las personas y condenar lo que obviamente debe ser condenado: la violencia familiar y de cualquier tipo, la promiscuidad sexual, los vicios... condenar el doble discurso, la ambigüedad... bueno, en fin...
Con mis argumentos anteriores pienso que aclaro cuál es mi posición: quiero ser un tolerante razonable, no un tolerante intolerante.
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